Pólipo - Un mundo infeliz

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A veces te plantas frente a un instrumento, un sinte, lo que sea, y sale basura. Experimentos fallidos, ruidos raros, hora tras hora sin que nada cuaje. Y luego están las otras veces: aparece una melodía de la nada, una base, y sale a la primera. Un texto que se escribe solo. Un dibujo que se completa solo, casi sin pensarlo.

Así es Un mundo infeliz.

Pólipo construye por capas. Un día llegó la base. Otro día, atascado en el horror de tráfico, apareció el tono de voz y el texto —sacado directamente de Un mundo feliz de Huxley— como si siempre hubieran estado ahí esperando el momento.

El resultado es esa mezcla tan suya: shoegaze electrónico que te atraviesa despacio. Una habitación sin puertas donde las frecuencias chorrean por las paredes, los arpegios flotan sobre notas esperanzadoras, y desde algún lugar llegan olores que no deberían estar ahí —café, pan recién hecho, algo familiar que no terminas de ubicar. Encima de todo eso, una voz que te dice lo que ya sabes pero prefieres no escuchar: vivimos en una simulación, rodeados de gente felizmente automatizada, felizmente incompleta. Si consigues bajar un solo pie de la rueda de hámster, puede que coincidas con alguien con quien realmente quieras sumergirte en el caos.

«Todos pertenecen a todos los demás», repetían.
Y cuando surgía alguna incomodidad o descontento, siempre estaba el soma.
Un gramo vale por un drama.
Dos gramos para unas vacaciones.
Tres gramos para un oscuro domingo por la tarde.”
Aldous Huxley - un mundo feliz

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Nos flipan los futuros postapocalípticios

La estructura del tema juega con las normas tanto como las rompe. Estrofa, estribillo, todo parece ir por donde debe ir —hasta que no. Cuando esperas que vuelva el estribillo, se desata una tormenta de adornos sintéticos que llena cada frecuencia hasta el límite antes de cerrar. Redondo, suave, trascendental. Navegable.

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LATCH Pólipo style

El videoclip acompaña todo eso con la misma lógica: una cinta de vídeo casero de un parque de atracciones que el tiempo ha destruido, generando ya de por sí un efecto espectacular. Sobre ese fondo degradado, un personaje digital perezoso gesticula la letra con la calma de quien espera que el mundo siga ahí donde siempre ha estado. Turbio. Inquietante. Como casi todo lo que hace Pólipo.

Os dejamos también un episodio de Escombrera Sonora donde Tomás y Mariano hablan sobre el tema —cuentan algunos detalles, solo unos pocos— y prometen un especial dedicado a estas piezas de universo sonoro que no caben en una sola escucha.

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