Declaración de Jaume Ferrer (17 de Agosto de 1963)


Hospital del Tórax (actualmente abandonado) – Foto: Tomás Herrero, 2006
Declaración de Jaume Ferrer, profesional especialista en enfermedades pulmonares del Hospital del Tórax (Tarrasa, Barcelona):
El Sr. Jakobus Schmidtz, empleado de banca de origen alemán, y la Sra. Julia María Pérez Rovira, esposa de éste y propietaria de una tienda de moda, eran pacientes internos en el Hospital en el que he trabajado estos últimos años. Anteriormente a su ingreso, ambos residían en Cerdañola del Vallés. Tras un viaje al centro y este de Europa hará dos años, la Sra. Julia fue ingresada por expectoraciones sanguinolientas en el Hospital Clínico y Provincial de Barcelona, donde se le detectó tuberculosis. Varias semanas después, el Sr. Jakobus enfermó también, y decidieron por consejo de su médico de cabecera ingresar en el Hospital del Tórax bajo mi tutela. En su estancia, además de costear su residencia en el centro y la de su mujer, el Sr. Jakobus donó cantidades importantes de dinero y manifestó una preocupación constante por el estado de la Sra. Julia y por el resto de pacientes. Los señores Schmidtz siempre mantuvieron un inusitado optimismo y era agradable tratar con ellos.
Tras meses de tratamiento, la salud del Sr. Jakobus se estabilizó, si bien no mejoró, pero la Sra. Julia empeoró considerablemente, probablemente debido a la detección tardía de la tuberculosis en su caso.
La paciente murió pasados 13 meses de tratamiento, el 21 de Octubre de 1962. Su marido sufrió algún tipo de alteración mental, y su duelo se vio agravado y prolongado por el shock. Se negaba a entablar conversación, permanecía todo el día alejado del resto de pacientes, despertaba gritando frecuentemente, víctima de pesadillas recurrentes. Se volvió irascible y se encerró en sí mismo.
Pasados unos 3 meses comenzó a relacionarse de nuevo con el personal y los pacientes, aunque su carácter se había agriado. Mantenía largas conversaciones en alemán con otro paciente, el Sr. Heinrich Zann, muchas veces de marcado carácter derrotista y negativo. Ambos compartían su pasión por la música alemana, en especial por el piano. Ambos admiraban la obra de Franz Liszt, a Michael Raucheisen y a Wagner. También compartían ser veteranos de la Legión Cóndor durante la Guerra Civil Española, durante la cual el Sr. Schmidtz había conocido a la que luego fue su esposa.
Un momento realmente crucial fue cuando Sr. Jakobus encontró el piano de cola en la habitación de recreo de la tercera planta, que no se utilizaba nada más que para guardar allí toda clase trastos viejos o estropeados. Aunque el teclado del piano estaba destrozado, el Sr. Jakobus permanecía horas encerrado en la estancia mientras percutía manualmente las cuerdas del piano.
Hará unos dos meses, se acercó a mí una mañana para contarme sus peripecias musicales. Si bien mi paciente no era un músico propiamente dicho, su mujer sí tocaba el piano en su casa de Cerdanyola y aprendió con ella lo básico. Al parecer, sus sesiones de piano le relajaban bastante y mejoraban su humor, aunque estaba más inquieto que antes. El Sr. Jakobus me pidió personalmente que asistiese cada domingo a lo que él denominó “pequeños conciertos”. Tanto el Sr. Zann como yo asistíamos al espectáculo: el Sr. Jakobus levantaba la tapa del piano y comenzaba a enlazar los sonidos, sin orden aparente. Ese ruido era difícilmente clasificable como música, pero continué yendo cada semana puesto que aquello parecía alegrar a mi paciente y no presentaba mayor molestia para mí.
El Sr. Jakobus sugirió que podría grabar los conciertos con uno de los tres magnetófonos Revox de los que disponíamos en el Hospital para realizar grabaciones de historiales. Tras trasladar el aparato a la habitación, lo ponía en marcha cada domingo en cada actuación, montando los micrófonos dentro de la caja de resonancia del piano. Adjunto al informe las cintas con las grabaciones de estos conciertos.
El pasado 11 de agosto, el Sr. Zann y yo encontramos el cuerpo sin vida del Sr. Jakobus Schmidtz cuando nos disponíamos a asistir a la sesión dominical pertinente. El Sr. Jakobus había arrancado las cuerdas del piano y se había ahorcado con ellas, colgando de una de las lámparas de pared.
Aparentemente, Jakobus Schmidtz había mejorado anímicamente, con lo cual no consigo explicar su repentino suicidio. Si necesita algún dato concreto que yo pueda aportar, no tiene más que ponerse en contacto conmigo. También podría facilitarle un encuentro con el Sr. Zann, si lo desea.
Sin más dilación, se despide,
Jaume Ferrer González
A día 17 de Agosto del año 1963.
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