Orquesta Asincrónica Contubernio y el príncipe Achmed

Después de los dos cortometrajes se encendieron las luces y nos tomamos un pequeño descanso. Estábamos más tranquilos, pero aún inquietos, pues el plato fuerte a digerir venía a continuación. Salimos a tomar aire, a fumar un cigarrillo entre risas nerviosas, a apurar una cerveza mientras pensábamos en otra cosa…  y entramos de nuevo en la sala. Se volvieron a apagar las luces y la confortable semioscuridad agudizó nuestra compartida concentración. Éste fue el resultado:

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